La experiencia demuestra que no es suficiente dominar los conocimientos propios de un área. Quien trabaja en Compras debe conocer procesos de abastecimiento; si está en Ventas, técnicas comerciales; y si pertenece a Operaciones, saber de optimización de procesos. Eso es el punto de partida. Lo que realmente marca la diferencia es la forma en que ese conocimiento se pone en práctica: cómo decide, cómo prioriza, cómo comunica y cómo interactúa en su día a día laboral.
En otras palabras, son las soft skills las que permiten que el conocimiento técnico se convierta en resultados reales. Son las habilidades que hacen posible que una persona trabaje con enfoque, tome buenas decisiones bajo presión, se coordine con otros, gestione conflictos y mantenga un desempeño consistente.
Un ejemplo es la inteligencia emocional. Un colaborador que no sabe dominar sus emociones, que se estresa con facilidad o que depende constantemente de su jefe para mantenerse motivado, termina afectando su propio desempeño y el de su equipo. En cambio, quien sabe regularse, adaptarse y mantener una actitud serena incluso en situaciones difíciles, genera estabilidad y confianza. Esa diferencia impacta directamente en los resultados.
Ahora bien, tener inteligencia emocional no es suficiente. La comunicación es también una habilidad clave. Ideas mal expresadas, instrucciones poco claras, retroalimentación mal recibida o entregada, o una escucha deficiente generan errores, retrabajos y conflictos innecesarios. Saber comunicar es una habilidad profesional que se entrena y se perfecciona, y que determina la calidad de la colaboración dentro de la empresa.
A estas habilidades se suman las de gestión personal y del trabajo: organizar tareas, priorizar, planear, ejecutar y dar seguimiento. Muchos problemas de desempeño se deben, además de falta de capacidad técnica, a una pobre gestión del tiempo, a la falta de disciplina en el trabajo, o a la costumbre de dejar todo para después. Las empresas necesitan personas que ejecuten mejor.
Además, habilidades como trabajo en equipo, negociación, manejo de conflictos, adaptación al cambio y visión estratégica son esenciales en cualquier actividad profesional. Cuanto más desarrolladas estén estas capacidades, mayor será la contribución del colaborador y más sólida la ventaja competitiva de la empresa.
Y hay un punto clave: en soft skills nunca se llega a un nivel máximo. Siempre se puede comunicar mejor, liderar mejor, organizarse mejor o tomar mejores decisiones. Por eso, el desarrollo debe ser continuo.
Con esta lógica surge la Membresía de Capacitación IDESAA para el Desarrollo de Soft Skills: una estrategia continua que fortalece las habilidades que realmente impactan el desempeño. Para el colaborador, significa crecer profesionalmente, ganar confianza y mejorar su capacidad para enfrentar retos. Para la empresa, representa equipos más sólidos y productivos, capaces de generar resultados.
Invertir en soft skills es una decisión estratégica. Las organizaciones que lo entienden son las que logran mayor competitividad, innovación y resiliencia.
Conoce al autor:
René Mena Seifert, CEO de IDESAA. Es especialista en Universidades Corporativas y asesor en la transformación de la capacitación en soluciones para el crecimiento y la competitividad empresarial.